Su deber es acompañar al monarca, que este año es Wilfrido Escorcia,a hospitales y desfiles y se preocupa porque quede, a donde vaya, como todo un rey.
Por eso recuerda cuando el Rey Momo olvidó su cabeza en la Casa del Carnaval. De eso se quejó en el taxi, rumbo a un hospital de enfermos renales. Quizás en el hospital no extrañarían la forma de icopor que Wilfrido Escorcia heredó de su padre, Ismael, el hombre que inventó para el Carnaval de Barranquilla el disfraz del descabezado. Al fin y al cabo, solo esta vez hay un rey Momo que lleva una cabeza adicional en la mano.
En efecto, los enfermos en proceso de diálisis no la preguntaron.
En cambio, los periodistas de la cita siguiente sí pidieron la cabeza del rey; cosa que para Sebastián Guzmán, su asistente de 44 años, fue un sufrimiento. Momo se sentía incompleto, así que se ofreció ir por ella. No, dijo Guzmán, buscarían quién hiciera el favor de traerla.
En épocas de lentejuelas y satín de colores, Guzmán permanece vigilante detrás de sus gafas y el chaleco de los empleados de la Fundación Carnaval de Barranquilla. Es la sombra del Rey Momo desde su nombramiento en septiembre hasta el próximo miércoles
Guzmán le ajusta la banda real a Momo, antes de enfrentarlo al público; se hace a un lado cuando saluda; señala la hora de partir; carga en una bolsa de plástico el vestido de cambio del rey y lleva la cabeza, cuando Momo descansa.
La cabeza llegó al hospital al tiempo que la reina del carnaval, Marianna Schlegel, quien bajó de su real camioneta pintada con su imagen. Traía jefe de prensa personal y edecán, un teniente de la Policía encargado de cuidarla. Él es quien da el 'No' definitivo cuando acosan a la reina para que se quede en las fiestas.
En cambio, en las fiestas, Momo se diluye ante la presencia y el estrato seis de ella. La suya es una figura del pueblo, que solo tiene a Sebastián para decir 'No' y tomarle fotos oficiales. La reina tiene peinadora. A Momo lo cambia Sebastián en cualquier baño. La reina usa trajes de diseñador que al año siguiente se exhibirán.
Lo que Momo se pone es, en parte, fruto del ingenio de Guzmán para conseguir trajes prestados. La Fundación ayuda, claro, y el atuendo de coronación (con doble corona, para sus dos cabezas) fue un regalo entregado con ceremonia. Pero, Momo necesita más ropa.
El Momo acata sus consejos, como un colegial.
-Momo, entrégueme ese teléfono -exige Sebastián, cuando las llamadas al Rey cortan encuentros importantes.
Sebastián no es un paje. Es un carnavalero que sueña con ser Momo, con funciones reales, que se aguanta las ganas de dejarse llevar por la fiesta y los llamados del tambor. Tiene una autoridad natural, que el Rey no discute y que a Rosa, la esposa del soberano, le hace decir que "es una madre".
En otra época, doña Leticia, su madre, lo echaba de la casa en vísperas de Carnaval, porque se gastaba la plata en vestir a la reina popular de El Pueblito, su barrio. Y lo recibía cada miércoles de ceniza, cuando volvía penitente. Después, Sebastián fue de los fundadores del Carnaval del Suroccidente, un desfile popular que tiene 14 años.
El rey en desfile
Para La Guacherna, el asistente vistió a Momo de garabato, uno de dos cabezas, con el traje prestado, "pero, nuevo", que encabezaba una comitiva de disfraces diversos, entre ellos, los casi 200 monocucos, de camisones de colores, antifaz y varita en mano.
-Solo traje cuatro descabezados porque debo representar a todos los disfraces del Carnaval, no solo al mío -explicó Momo.
Al caer la noche, hasta el Rey "estaba que se bailaba". Entre tanto, Sebastián, que le puso a Momo los redondeles rojos en las mejillas que llevan los garabatos, repartía volantes de la empresa que le devolvió al rey sus dientes juveniles. Mirándolo, su sobrina Katherine, de 16 años, que integraba el grupo de logística decía:
-Será el Momo del 2011.
-¿Y por qué no el del 2010? -Primero me apoyará para ser reina popular del barrio. Dos de la misma familia no podemos estar en dos reinados.
Cuando la comparsa dio el primer paso, a las 8 p.m., Sebastián definió el orden de la comitiva: el grupo de millo iría detrás de Momo, después los descabezados y los otros. Él iría adelante haciendo de semáforo: detendría con su mano el avance de la comitiva y daba la luz verde para seguir.
Pero el sonido natural del millo no le hizo ni cosquillas al picó de la comparsa de adelante. Y los monocucos, guiados por la ley del sonido más fuerte, abandonaron a Momo. Fueron dos horas de desfile, del Rey Momo aceptando aplausos. La comitiva adelgazó hasta el raquitismo y se dispersó al final de 30 cuadras de desfile.
Guzmán envió a Momo a su casa y fue a reportarse a la Casa del Carnaval.
No es un parroquiano más
Allí estaban las reinas de los barrios. Muchas lo saludaron efusivas. El asistente tiene su popularidad, no por los años que lleva moviendo los hilos de Momo, sino por su vocación de ayuda a la gente.
-¿Por qué se apartó del Carnaval de Suroccidente? -Quisieron meterle política y no quería. Pero, velo por ese Carnaval también.
Enmarcado en El Pueblito, aunque camine silencioso, Sebastián no es un parroquiano más.
-Ayuda a las piponas-, dice una vecina, recostada en la puerta de su casa. Se refiere a las embarazadas: A una pipona adolescente, que no tenía seguridad social le ayudó a sacar los papeles del Sisbén para que la atendieran.
-...Y a otra, que estaba llena de hijos -continúa la vecina-, la ayudó a convencer al marido para que la "desconectaran".
Fuera del carnaval, Sebastián Guzmán es una especie de tutor de embarazadas y de bebés menores de seis meses.
-No puedo atender a más de 13 -explicó-. Ya todas parieron. Espero la nueva cosecha. En ella, seguramente, habrá varios hijos del Carnaval.
Más tarde, llegó el Carnaval del Suroccidente, el que Sebastián fundó: un desfile sin vallas, popular y vespertino, en el que la gente saca las sillas de la casa y se sienta a ver comparsas con sus niños.
-No se necesitan vallas. No es necesaria la represión para que la gente esté bien -señaló.
Momo reapareció, abriendo el desfile. Sebastián volvió a marcarle el paso. Antes del final, lo hizo desaparecer en una esquina. Iban tarde para otro encuentro en el Romelio Martínez. Mientras le hablaba sobre lo que seguía, en la trastienda del estadio, le ajustaba la banda para que se viera impecable.
Allí, quedó, convencido de que, aunque bromea diciendo que es "El rey momo del 2025", lo será mucho antes, porque: "¿Para qué ser Rey Momo cuando uno esté mascando agua?".
LILIANA MARTÍNEZ POLO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
BARRANQUILLA *
*Esta crónica es resultado del Taller de Crónica Sujetos y Territorios del Carnaval de Barranquilla, de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, dirigido por Cristian Alarcón.
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