La una es barranquillera de pura cepa y su entusiasmo carnavalero la empujó a diseñar, desde muy joven sus propios disfraces. Es como si llevara el asunto en la sangre. La otra ni siquiera es de aquí, comenzó como cultivadora de ají en los Llanos Orientales, fue próspera, se vino para Barranquilla hace 18 años y se enamoró del Carnaval.
No tienen ningún tipo de relación entre ellas, pero quien necesite un disfraz, puede acudir a cualquiera de las dos. Ellas le proporcionarán el traje de monocuco, marimonda, garabato o cumbiambero que se requiera. Exportan sin pagar aranceles, y se las arreglan para seguir disfrazando a la gente del mercado local sin importar la época del año.
Por eso, sus vestidos aparecen en obras de teatro en los colegios, en presentaciones de hoteles y viajes; en cualquier acto relacionado con las Brujas y los Angelitos, y hasta en Navidades, cuando se necesitan atuendos de Papá Noel. Aida Yepes lleva 28 años en la confección de disfraces. Estuvo vinculada a un programa de exportadores a través de la cual ubicó en Estados Unidos, pero ahora se da el lujo de exportar sin necesidad de llenar formatos ni entenderse con intermediarios aduaneros: sus propios clientes extranjeros se aparecen en su local del barrio Los Nogales y se llevan la carga.
"Ayer mismo, vino una niña de Suiza que me compró tres polleras, y ya tengo pedidos para una danza de 300 personas en New Yersey y otro Miami; pero cada cual vendrá aquí y se llevará sus atuendos", dice la entusiasta mujer. Comenzó a producir en 1980. Hasta 1996, la empresa estuvo vendiendo al por mayor. Un año después, abrió el punto de venta propio en Los Nogales, y hasta llegó a exportar en el 2001, apoyada por Proexport. La producción alcanza las 10.000 piezas de disfraz al año, sumando la temporada de Carnaval, el Día de Las Brujas, y los trabajos especiales.
Y está Adriana Montaño, pereirana, quien cultivaba ají picante en los Llanos Orientales, la violencia la sacó, y ella se convirtió en una de las más grandes alquiladoras de disfraces en Barranquilla.
Llegó a Barranquilla hace 18 años. Su negocio lo concibió, en realidad, como una sucursal del negocio de su madre, Pastora Vélez, en Pereira. "Pero como yo no tenía nada de lo de acá, compré unos libros de fotografía sobre personajes del Carnaval de Samuel Tcherassi, y ahí empezó todo", dice Adriana. El negocio fue bautizado 'Disfraces Arlequín".
Empezó en la calle 72 con la carrera 38, donde permaneció tres años, y después se mudó a la carrera 41 con la calle 52, en el barrio El Recreo, cerca de la antigua Universidad del Atlántico.
La mayoría de clientes de Adriana son de Barranquilla, pero tiene, también, en Santa Marta, Cartagena, Ciénaga y Bucaramanga.
Y desde Miami, le piden cada vez más trajes para la colonia barranquillera que se disfraza en su propia versión del Carnaval. "Los que van para Estados Unidos son los únicos disfraces que vendo. Los demás, siempre serán alquilados", aclara ella.
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